Estudio masivo sobre el ayuno intermitente y el cerebro

Lo que revela la ciencia sobre el ayuno intermitente

El ayuno intermitente ha sido objeto de intensa discusión. Sus efectos han sido ampliamente debatidos, destacando beneficios como la pérdida de peso y la mejora en la sensibilidad a la insulina. Sin embargo, también se han señalado riesgos, como la cetoacidosis o efectos perjudiciales en el cerebro. Para clarificar el panorama, especialmente en lo referente al rendimiento cognitivo, se ha realizado un gran metaanálisis. Las conclusiones de esta extensa revisión, que abarca casi siete décadas de investigación, indican que el ayuno no parece ser perjudicial a nivel cognitivo para la mayoría de las personas. Esta investigación busca resolver las creencias extendidas sobre el tema.


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El metabolismo durante el ayuno

Cuando se practica el ayuno, el organismo cambia su fuente de energía. Normalmente, la energía se obtiene de la glucosa (almacenada como glucógeno). Cuando estas reservas se agotan tras un periodo sin ingesta, el metabolismo utiliza las grasas. Este proceso genera cetonas, que son moléculas ácidas. Si las cetonas se acumulan, la sangre puede acidificarse, produciendo una cetoacidosis, un riesgo conocido en ayunos mal realizados. Además, se ha temido que, dado que el cerebro depende de la glucosa, el ayuno intermitente pudiera provocar niebla mental o una disminución del rendimiento cognitivo.

Hallazgos clave del metaanálisis

El nuevo metaanálisis ha sido exhaustivo, analizando 71 estudios independientes con una muestra combinada de 3.484 participantes. Los datos agrupados no mostraron prácticamente ninguna influencia del ayuno sobre el rendimiento cognitivo general. Las evaluaciones de memoria, atención y función ejecutiva arrojaron resultados muy similares entre quienes ayunaban y quienes no. Este hallazgo contradice la creencia popular de que el ayuno afecta negativamente al cerebro de forma generalizada.


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Las excepciones importantes

A pesar del resultado general, se identificaron tres casos particulares donde sí se observaron efectos negativos. El rendimiento cognitivo fue peor en niños y adolescentes, cuyos cerebros en desarrollo son más vulnerables. También se vieron diferencias cuando las pruebas se realizaron al final del día, sugiriendo una intensificación de los efectos por los ritmos circadianos. Curiosamente, las pruebas que involucraban imágenes de alimentos también mostraron peores resultados. Por tanto, se desaconseja el ayuno en estos grupos. Siempre se debe buscar asesoramiento profesional antes de iniciar un ayuno intermitente, ya que otros riesgos, como el déficit nutricional, deben ser gestionados.

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